¿Por qué un Vino cuesta más que otro?

El Vino y su Precio

El precio de un vino se fija en función de la calidad de la uva, del terroir donde se cultiva, del año de cosecha (especialmente en el caso de los vinos del Viejo Mundo), de la habilidad y el conocimiento del viñatero o enólogo, y del nombre de la casa que lo elabora.

También inciden los volúmenes de producción. Cuando estos son bajos, hacen que la oferta siempre se quede corta frente a la demanda. En consecuencia, el precio se convierte en un factor regulador del mercado.

Y es aquì cuando surgen productos altamente referenciados por los conocedores, pero esquivos a la mayoría de nuestros bolsillos. Tomen los casos de estrellas francesas como el Pétrus y el Domaine de la Romanée Conti-Romanée Conti. En ambos casos se trata de mostos elaborados en pequeños volúmenes frente a una demanda mundial que los supera con creces.

El Pétrus es un vino tinto, elaborado con la variedad Merlot, en una propiedad localizada en el codiciado distrito bordelés de Pomerol. Un ejemplar de esta joya, de la increíble cosecha francesa de 1990, está ofreciéndose US$4.165 la unidad. El Romanée Conti, que parte de la uva Pinot Noir, se confecciona en la localidad de Côte de Nuits, en la Borgoña, y se vende a precios unitarios de US$14.331 por la cosecha del año 90. Las hay más costosas, en la medida en que la edad y una buena preservación suben el precio debido a la natural sustracción de materia que produce su consumo entre los aficionados.

Precios menos escandalosos, pero no por ello más alcance del bolsillo de los consimudores normales, se aplican a otras célebres etiquetas francesas de vinos tintos como los châteaux Cheval Blanc, Margaux, Lafite y Haut Brion, todos localizados en Burdeos. En blancos, el más caro es el también bordelés Château D’Yquem, de la añada de 1959, por el que puede pagarse unos US$3.460 la unidad.

El asunto se sube de tono con otras célebres casas y cosechas, cuyos vinos están todavía en condiciones de ser consumidos. Aunque son productos que cambian de mano entre los coleccionistas, la mejor manera de valorizar su precio es en una subasta.

El 28 de septiembre de 2006 una caja de 12 botellas de 750 ml, de la firma bordelesa Mouton Rothschild, correspondiente a la añada de 1945, se vendió por US$290.000. En el mismo lote se incluyó una partida de seis botellas Mágnum (1.500 ml) de la misma marca y el mismo año por US$345,000. Esto colocó el precio promedio del Mouton Rothschild para ese año en alrededor de US$28.750 la unidad de 750ml.
Pero el mercado está preparado para más. Y aquí todo radica en la intensidad del placer por poseer un objeto único.

Una de las botellas más caras de la historia ha sido un Château Lafite, de 1787, vendida por US$160.000. Como encanto adicional, la superficie del envase presenta un encanto adicional: las iniciales TJ, pertenecientes al ex presidente estadounidense Thomas Jefferson, gran coleccionista y conocedor y, a su turno, responsable de haber contribuido a introducir la vitivinicultura en el país del norte. El vino, por supuesto, ya había perdido todos sus encantos para el paladar, pero no para el aficionado.

Entre los productos españoles más buscados está el Pingus 1996, de Ribera del Duero, que se vende a unos US$1.500 la unidad. De hecho, está agotado. Este producto, elaborado con la variedad Tempranillo o Tinta Fina, es obra del enólogo dinamarqués Peter Sisseck, cuya cosecha de 2000 ya se valora en US$1.081. Un Vega Sicilia Único, de la misma zona y correspondiente a la cosecha de 1991, se tasa por US$319.

En Italia, los grandes tintos supertoscanos, como Tignanello, Sassicaia y Ornellaia, descienden en precio a cifras más sensatas, de entre US$100 y US$200. Los Brunello de Montalcino, los Chianti Classico o los Amarone de la Valpolicella se compran por precios similares.

En Argentina y Chile ya se ha superado la barrera de los US$100 para marcas como Catena Alta, Izcay, Don Melchor, Don Maximiano, Montes Alpha M, Montes Folly, Bodega Chacra, Achával Ferrer y otras.
Y, claro, está la opción de ir al supermercado y, casi a ciegas, sacar una botella de la estantería. No se va a encontrar basura, pero sí precios de entre los US$5 y los $15. Nunca, sin embargo, tendrán el significado de uno de estos inalcanzables.

 

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